Gastronomía

Una experiencia gastronómica en la Patagonia es la fusión perfecta de un cúmulo de placeres para el paladar y una visión imponente de paisajes majestuosos que harán vibrar los sentidos. A través de los sabores se nos revela una región indómita, sin límites, exenta de convenciones; así se suceden platos elaborados con productos naturales como ciervo, jabalí, cordero, mariscos, trucha, salmón, centolla, hongos del bosque, frutos rojos y chocolates, entre otros manjares. Acompaña este recorrido gourmet el maridaje con selectos vinos de la zona, elaborados en bodegas que conforman la Ruta del Vino en Patagonia, rodeada de yacimientos prehistóricos y establecimientos frutícolas.

El Cordero, delicia Patagónica

Las brasas comienzan a encenderse. El tiempo es aliado del buen asador. La copa de vino y los quesos son el anticipo de uno de los platos más codiciados de la Patagonia: el cordero. Cada cocinero le da su impronta al plato, con los condimentos y guarniciones adecuados, generando un estilo propio. Y los restaurantes más importantes de la región incluyen en sus cartas esta perla culinaria patagónica, un auténtico clásico del buen comer. Los corderos son criados en la estepa patagónica, especialmente en las provincias de Santa Cruz y Chubut, aunque se consumen en toda la región. Entre las diversas formas de cocción, la más elegida es el asado, por su toque tradicional y pintoresco. Los adobos, a base de ajo, perejil, ají molido, romero y menta, resaltan aún más los sabores de la carne. Sin embargo, el cordero puede ser preparado de otras maneras: al horno, en brochetas, en guisos. La mayoría de los restaurantes de la región ofrecen el cordero patagónico como un plato que no hay que dejar de probar.

La Ruta del Vino de la Patagonia

Neuquén es una de las provincias vitivinícolas más jóvenes de la Argentina; con poco más de una década de historia, los primeros viñedos se plantaron aquí a comienzos del nuevo siglo en la zona de San Patricio del Chañar y Añelo, a unos 40 y 100 km de la capital provincial, respectivamente. Ubicadas en zonas rurales, con sus viñedos que crecen sobre lomadas y las imponentes mesetas patagónicas a sus espaldas, las jóvenes bodegas neuquinas producen vinos de alta gama y reconocimiento internacional. Y sorprenden al viajero con una completa y seductora propuesta enoturística. De arquitectura moderna y tecnología de avanzada, estas bodegas han sido construidas teniendo en cuenta, muy especialmente, el disfrute del visitante. Con propuestas participativas que incluyen actividades en los viñedos, pasarelas construidas para lograr una mejor vista de las instalaciones y, en algunos casos, alojamiento y spa en las viñas. Los restaurantes de las bodegas de Neuquén merecen un capítulo aparte. Aquí, los chefs utilizan productos de la región para elaborar los más deliciosos platos; sabores típicos de la zona que acompañan a la perfección a los sofisticados vinos patagónicos. En Neuquén el recorrido de las Rutas del Vino se combina con propuestas de agroturismo en chacras familiares. Y por la cercanía con yacimientos paleontológicos va de la mano, también, con la Ruta de los Dinosaurios.

En la provincia de Río Negro se encuentran las bodegas pioneras de la Patagonia que siguen el curso del río más caudaloso de la región. En el Alto Valle del Río Negro, donde las tierras son fértiles y la producción de frutales es destacada, las vides han sido cultivadas tradicionalmente desde hace más de un siglo. Hoy, en las localidades de Cipolletti y Gral. Roca se encuentran bodegas de larga tradición -algunas de ellas convertidas en museos-, donde la historia vitivinícola se combina con la más moderna tecnología. La Ruta del Vino de Río Negro propone realizar caminatas por los viñedos, participar de la cosecha, conocer las chacras de producción de frutales y disfrutar sabores únicos que hablan del espíritu emprendedor de los pobladores del lugar. Las propuestas de enoturismo se complementan con las de ecoturismo, turismo activo, avistaje de aves y turismo paleontológico.

Mientras que en la provincia de La Pampa, a orillas del río Colorado, la industria de la vid está empezando a cosechar sus frutos en las bodegas de 25 de Mayo, Casa de Piedra y Gobernador Duval. Los vinos -Merlot, Pinot Noir, Malbec y Viognier-, se degustan aquí con la vista en el límpido horizonte patagónico.

Chubut se ha convertido en un nuevo destino de turismo enológico gracias al desarrollo de nuevos viñedos, tanto en zonas de la meseta como en los valles cordilleranos. En el Valle 16 de Octubre a la vera de la Ruta Nac.259, las Viñas del Nant y Fall se destacan como un Establecimiento agroturístico, ecocamping y viñedo + bodega. Viñas de Nant y Fall es además un establecimiento que cuenta con el único estacionamiento de Motorhomes de Sudamérica, calificado como el mejor en su rubro por revistas especializadas, además de un área de acampe en estrecha armonía con la naturaleza. En tanto, en el Valle de Trevelin, los viñedos de Casa Yagüe tienen una superficie de 3 Ha. Entre las variedades plantadas se encuentran: Chardonnay, Sauvignon Blanc, Cabernet Franc y Pinot Noir. La Comarca del Paralelo 42 también se suma a la Ruta con el viñedo Patagonia Wines y el atractivo singular que ofrece la destilería la Alazana, creadores del primer Single Malt Argentino.

Sabores y tradiciones

La Patagonia fue la tierra elegida por muchos inmigrantes europeos que llegaron a la Argentina hacia comienzos del siglo XX. Alemanes, suizos y austríacos que dejaron su impronta en los sabores de la cocina local, y cuya tradición culinaria se puede degustar aún en los principales destinos turísticos de la región. Esta se aprecia, especialmente, en las técnicas de elaboración de la cerveza artesanal en la zona de El Bolsón y en San Carlos de Bariloche; y en el ahumado de alimentos que se realiza en varias localidades de la zona, aplicándose a embutidos, pescados, carnes y especias como la sal y la pimienta (El humo y la madera intensifican los sabores y le dan un toque rústico al plato). Además, en la pequeña localidad de Colonia Suiza, a pocos kilómetros de Bariloche, se prepara el tradicional curanto al aire libre. Esta particular experiencia, que tiene lugar los días miércoles y domingos, consiste en preparar un pozo en la tierra donde se vuelcan verduras, carnes, pescados y embutidos, cada capa de ingredientes se cubre con hojas de pangué o nalca y luego tierra, champas y sacos mojados, formando una gran olla. Por su parte, el chocolate es el alimento dulce característico de la zona, ideal para contrarrestar las bajas temperaturas de los largos inviernos, es también una de las opciones más típicas para compartir con la familia y los amigos al regreso del viaje. En San Carlos de Bariloche es posible recorrer un sinfín de chocolaterías que elaboran de manera artesanal intensos chocolates, combinados con exquisitas frutas finas y secas. También pueden degustarse estas delicias en Villa La Angostura, San Martín de los Andes y otras localidades turísticas de la Patagonia. La región cuenta con excelentes restaurantes, ahumaderos y cervecerías, que componen la oferta gastronómica más importante de la Patagonia y donde se reúnen muchos de los chefs más prestigiosos de la Argentina.

Puerto Madryn y todas las localidades de la costa chubutense, se distinguen por sus pescados y frutos de mar. El océano es generoso en esta zona que ha desarrollado una importante industria pesquera. Entre otros manjares, podés probar vieiras, salmón, abadejo y merluza negra. Un lugar clásico y muy recomendado para saborear una copa de mariscos es el puerto de Rawson (A unos 70 km de Madryn). Allí, a la pintoresca postal de los pequeños barcos pesqueros amarillos, se le suman las cantinas del puerto en las que se sirven las mejores copas de mariscos de la zona.

Más allá de estos sabores del mar, un plato imperdible aquí es el cordero patagónico asado, muy afamado por su carne tierna y con escaso contenido de grasa. A la hora de la merienda, no se puede dejar de probar el té galés, y ser parte así de una ceremonia tradicional donde la infusión se sirve acompañada por scones, torta galesa, variedad de panes y dulces caseros, quesos, tortas, e historias de valientes pioneros.

El Corredor Neuquén Norte de la Provincia se identifica principalmente con el chivito o cabrito. La cría del animal, a partir de la trashumancia o arreo, resulta una práctica ancestral de muchas familias, heredada de los Pehuenches, antiguos pobladores de la zona. En los alrededores de Las Lajas, Loncopué, Caviahue y Copahue también se desarrolla la cría del chivito, algunas comunidades Mapuche se dedican a la misma, generación tras generación.

En las estancias pampeanas es clásico el asado criollo y las delicias camperas que acompañan las rondas de mate. La Cocina Gourmet también tiene sus exponentes en La Pampa, con restaurantes de campo y urbanos que han obtenido altos reconocimientos internacionales.

Destacados del Fin del Mundo

El sabor de las profundidades del océano llega a la mesa vestida de mejillones, merluza negra y centolla. Esta última es, sin lugar a dudas, la gran protagonista, lo que ha dado lugar a la creación de la “Ruta de la Centolla” que tiene su epicentro en Puerto Almanza, un pequeño pueblito en cercanías de Ushuaia donde se puede apreciar el trabajo de los pescadores artesanales que capturan la centolla y la cocinan en tradicionales restaurantes de mar.

De los ríos se recibe la trucha exquisita. De los bosques, los productos de la caza y la generosidad estacional de los hongos. De las estepas patagónicas, el inconfundible aroma del cordero asado. En los delicatessen se respira el olor de los ahumadores repletos de quesos, pescados y verduras. Chocolaterías, confiterías y salones de té ponen la nota dulce. La tradición chocolatera patagónica llega hasta aquí donde el chocolate artesanal perfuma el aire.